Comienzo despacio, llevandome cada bocado con cuidado y pensando en que los momentos de reflexión son sólo oportunidades a las cuáles huir cuando se quiere estar solo.
Cuando el primer sabor, la primera sensación llega, todo, involuntariamente se incorpora para recibirla. El espasmo en el estómago, el movimiento continuo, el jugo gástrico... todo ello como si fuera el líquido preseminal abriendo camino a los espamos que seguiran. Es un preludio al desastre que era ya conocido.
Mientras corro a devorar y a la vez expulsar, mis miedos, mis soledades, mis fantasías vuelan repletas de momentos que olvido hasta la siguiente vez.
Atte.,