En estos últimos meses he estado recordando con mayor intensidad a todos esos amigos que me acompañaron algunos años atrás (realmente décadas ya) y que a falta de mejores nombres a veces he llamado monstruos.
Pero estos siempre estaban dispuestos a jugar conmigo en aquellos momentos en los que mas solo me encontraba. Me acompañaban y buscaban compartiéramos diversos juegos.
A veces la naturaleza del juego no era trivial para mi, pues al jugar no encontraba la diversión que ellos decían sottovoce que podíamos encontrar. Más de una vez pensé entonces que tal vez era mi imaginación la que construía estos pequeños acompañantes de los momentos de soledad pero a veces se volvían tan reales y presentes que no los podía ignorar.
Tenían nombres, formas, y hasta olores específicos; algunos solo aparecían en sitios especiales y sólo en ellos; otros solo en la noche y algunos eran como invitados especiales de un programa de televisión que solo existían por un momento y luego se desvanecían.
Pero mi mente ha dejado de bloquear esas memorias falsas y ahora me llegan mas claramente: no es que antes no estuvieran allí sino que eran limitadas, como si fueran un avance publicitario de una película ya vista muchas veces y por ello ignorada.
En algún momento (realmente pienso que dos momentos específicos) es posible que intentara el mismo juego pero la ingenuidad de mi imaginación -siempre conectada en forma directa con mi lado infantil- no me lo permitió.