Me gusta cuando te abrazo, cuando te toco, cuando no digo lo que quiero decir.
Me gusta creer que me explico sin palabras, que me "lees la mente", aunque en realidad lees mi lenguaje no verbal, mi mirada, mis manos, mi cuerpo.
Me duele y me frena esta incapacidad de decir en voz alta lo que quiero y de todas maneras aún sabiendo que la respuesta será negativa, no arriesgarme a intentarlo. Quién sabe, a lo mejor cambian las cosas. Eso ya ha pasado. Y aún y cuando no fue como yo esperaba, tal vez esta vez lo sea.
Pero a veces no entiendo como el foco, más bien "mi foco", tiene tanta dispersión, pero toda ella atomizada en múltiples objetivos simultáneos. Es absurdo y no sé qué significa.
Es una búsqueda que no existe, porque no se puede encontrar todo disperso y a la vez unido. O al menos no existe conocida por mi, una fuerza de atracción tan fuerte como para unir todos esos elementos de forma coherente y consistente.
De todas maneras, recuerdo ese abrazo, ese toque y ese silencio. Destello e irradio por un minuto energía y me hace ser un tonto, pero un tonto feliz. Me motiva realmente. Aunque para protegerme haya mentido flagrantemente. Me escudo en realidades alternas que ni siquiera pudieren existir.
Cuando busco qué me motiva y qué realmente busco, qué puede llenar ese núcleo moribundo de mi propio ser, encuentro la posibilidad de esa sonrisa que no existe, y más bien que en realiad es casi es burla, un impulso importante en mi mismo.
Me he vuelto experto en los metamensajes sin destino por culpa de ello, pero siendo mensajes al fin, algún receptor los recibe, aunque sea mi propio subconsciente y con ello alimenta lo que pueda alimentar desde allí.
Me gusta cuando me abrazas, me gusta cuando me tocas, me gusta cuando dices lo que digas aunque no sea lo que quiero escuchar. Mi mente lo cambia por un segundo y confundida hace que mis pensamientos lo substituyan. Es como si no importara lo que tienes que decir, sino lo que yo creo que deberías decir.
Y de repente siempre, al final, el dolor no se vuelve más agudo, pero sí más profundo, haciendo que se apodere de la obscuridad que lo rodea, alimentándola y haciéndola más resiliente.
Esa es la verdadera lucha, mi subconsciente alimentando mi núcleo con luz, y tus palabras alimentandolo con obscuridad. En una lucha constante, que por ahora y por varios años ha ido ganando la obscuridad.
Es momento de que nuevamente gane terreno la luz, y cuento con tu piel cerca, con tu abrazo sincero, o al menos en mi mundo interno, sincero, para lograrlo.
Atte.,