El deseo no conoce fronteras,
El cuerpo las reconoce,
La mente las fabrica,
El alma las libera,
Y mi deseo, mi cuerpo, mi mente y mi alma se unen en un grito, en un llanto, en un instante, en una singularidad, en un explosión que me llevan directamente, unívocamente, expresamente, decididamente a ti, a tu camino.
Y ese camino, que antes pensé era una línea sinuosa, indirecta, complicada, ahora se vé en mi deseo como una linea directa, en mi cuerpo, como una aguda subida, en mi mente, como una inalcanzable estrella, en mi alma, como una oportunidad de liberar mi dicha.
Y mi dicha, tan cerca de tan sólo tus migajas, es a las vez distante, imposible, increiblemente difícil, pero evidentemente luchable.
Y mi lucha, es sistemática, ordenada y a la vez absurda e incoherente, por lo que mi éxito está ya declarado como fracaso y, porque las emociones y las barreras externas -que practicamente yo he creado- refuerzan diabólicamente mi capacidad de avanzar hacia donde fijé mi objetivo: estar contigo, ser tú, sentirme compenetrado, complementado, fogozo, lleno de gozo.
Y mi gozo, lo es sólo por el hecho de poder imaginar que puede ser, pero se extingue, se aleja, me deja, se enfría con tu indiferencia, tu abandono.
Y mi abandono, por supuesto me lleva de nuevo al inicio, a desear, sentir, pensar, orar, llorar, gritar y luchar.
Mi grito, mi gozo, mi lucha, mi abandono, son mi ofrenda hoy para tí.
Atte.,
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