En mis últimos artículos, a pesar del orgullo que a veces siento por ellos, tengo que reconocer que han ido empeorando con el tiempo.
No sólo porque el contenido es, por decir lo menos, inadecuado, aburrido, poco relevante, entristecedor y nada constructivo; sino porque la prosa también lo es. Errores de forma y fondo pululan por doquier divirtiéndose al ponerme en evidencia.
Ya la fórmula mágica de terminar diciendo que he de mejorar, que debo repensar, rediseñar, etc. no funciona. Siento por momentos que este experimento está por terminar, que debo abortarlo antes de que decante en lo que no debe ser, o en otra cosa peor.
Atte.,
Carmine: Loco, autocrítico, eternamente confundido, siempre muy estresado, triste y alegre a la vez, de visión holística pero con enfoque en los detalles, intimista, extrovertido y algo agnóstico a la vez... Siempre pasando de lo profano a lo divino, mientras disfruto de lo sublime, y me regodeo en lo simple. En fin, más de una faceta para el mismo motivo de mi propia existencia, la cual siempre se torna interesante, a veces intolerable y a veces imposible, pero eso sí, siempre entretenida