Esperar por tí, por tu voz, por tu sonrisa, cada mañana y cada noche es algo que anhelo y siento las fuerzas bajan cuando no llego a ello.
Esperar por mí, por mi reencuentro, por mi férreo control caer es algo que temo. Es un dique a punto de perder su capacidad y con la fuerza suficiente de borrar lo que ya he construido pero también capaz de impedir siembre nuevamente.
Esperar sin saber es realmente la verdadera naturaleza humana. El miedo siempre presente pero el paso seguro (aún y cuando tembloroso) hacia adelante.
Esperar porque la magia ilumine, aparezca, crezca, continue, apoye, sostenga, no es suficiente. Debemos construirla, atraerla, reforzarla.... y cada uno debe tener la suya propia para que sumada sea impactante, poderosa e indetenible.
Esperar todas las mañanas, todas las noches imaginando la sonrisa que existe y la verdadera (la que está detrás escondida)... es algo que me vuelve loco pero a la vez me trae a la cordura.
Espero que un paso hoy, y otro mañana, y otro pasado, y así, todas las mañanas del mundo me ayuden (nos ayuden) a que no haya que esperar más sino cosechar más, construir más, aprender más, ser más.
¡Espero!
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