No era la primera vez que ocurría que la capacidad oracular de la hidra de repente traía consigo los recuerdos totalmente innecesarios de los ciclos anteriores. Otra vez se
repetía el mismo ciclo fatídico, inútil pero inescapable de la realidad del momento.
Cuando estas visiones del oráculo aparecían, el tiempo y los eventos se confundían, de repente un evento parecía que era en el futuro, pero tal vez ya había
ocurrido. No era fácil distinguir, pues el ciclo de la Hidra era siempre el mismo.
Permítanme presentarme: Yo soy la Hidra, al menos en esta historia, defiendo la entrada de inframundo que es mi espíritu ya fragmentado y deshecho por mis propias acciones.
No es que no pueda frenar o detener el ciclo, es que parece que es necesario para yo poder seguir adelante y al hacerlo continuar viviendo esta no-vida hasta que sea verdaderamente aunsencia total de ella.
En vez de vivir, he decidido no-vivir esperando el mejor momento. No es fácil escribir esto, ya que todas esas opciones
y posibilidades rondas mis cabezas, mis cerebros, mis personalidades y todas luchan por sobresalir. Pero en esa lucha, al final como ocurre siempre -en cada ciclo- todas esas partes escindidas pierden. Se laceran unas a otras,
y se destruyen mutuamente. Llevándose consigo la posibilidad de una verdadera unidad, de una estabilidad, de un amor real.
En cada ciclo, todo comienza igual: el mismo anhelo, la misma esperanza, la misma búsqueda.
La forma a veces cambia, eso sí. Pero el proceso siempre es el mismo: buscando el vector apropiado, el catalizador correcto, siempre deseando más, se pierde todo.
Parecería aleccionador si no fuera por el hecho de que ya en al menos un ciclo, de tantos (quién sabe si son decenas, centenas o miles, nadie lleva la cuenta) me decanté
por la conformidad. Y eso resultó aún peor. Ahora a todos los problemas, pesos, cargas y esqueletos en el closet, debo llevar a cuestas la depresión del error. Ese que no se quita sin importar cuánto
escriba o cuántas veces pueda volver a comenar.
Pero aquí estamos de nuevo, todos mis fragmentos y algo de lo que queda de mi esencia, buscando recomponerme y hacer algo diferente que finalmente me remueva de este ciclo infernal.
Que recomponga al menos parcialmente, pedazo a pedazo, la despedazada esperanza de conseguirte.
Y bueno, esa es la esencia de la búsqueda. ¿No? El encontrar el equilibrio complementando mi energía a la tuya y la tuya a la mía claro está, en el mismo
tiempo, en el mismo espacio, a la vez y en forma tan permanente como se pueda.
Pero ya voy de nuevo sintiendo la inevitabilidad de lo que viene. ¿O será que ya pasó? Embriagado como estoy en mis propias penas y en la lucha de mis distintas cabeza
(fragmentos, pedazos, no importa cómo llamarlos) parece unos tentáculos con filosos cuchillos cortándose unos a otros.
Siento la sangre chorrear sobre mi a medida que va ocurriendo, y de una forma extraña lo vivo por dentro, en primera y única persona, y a la vez por fuera, como expectador.
Es allí cuando logro visualizar una dirección y un propósito. Una Unidad de hecho y un acuerdo de mis personalidades, demandas, necesidades y requerimietos.
Lucho y lucho por entender cómo salir de este ciclo que me esfuerzo tanto en mantener y no encuentro cómo. Hago un boicott a mi mismo, así como por compulsión,
muchas veces, me hiero a mi mismo justo donde sé que sanar podría ayudar a reducir el problema.
Así que la pregunta más clara sería, quién controla este impulso de perdición eterna. ¿Serán mis fragmentos, será mi propia voz del oráculo, será mi naturaleza?
Es obvio que quién lo controla supuestamente soy yo. Pero solo se puede controlar lo que se puede destruir, así que también soy víctima de este control, ya que mi capacidad de terminarlo, al menos a la luz de los cientos de intentos previos, falla inexorablemente.
Por lo tanto, yo soy la Hidra, yo soy el impulso, yo soy el oráculo, yo soy los fragmentos y también soy la víctima de mi mismo. Es decir, solo mis decisiones me han llevado hasta este momento. Pero parece claro -al menos para mí- que yo solo no podré salir de este ciclo, y mucho menos salir de una sola pieza.
Así que la pregunta más clara sería, quién controla este impulso de perdición eterna. ¿Serán mis fragmentos, será mi propia voz del oráculo, será mi naturaleza?
Es obvio que quién lo controla supuestamente soy yo. Pero solo se puede controlar lo que se puede destruir, así que también soy víctima de este control, ya que mi capacidad de terminarlo, al menos a la luz de los cientos de intentos previos, falla inexorablemente.
Por lo tanto, yo soy la Hidra, yo soy el impulso, yo soy el oráculo, yo soy los fragmentos y también soy la víctima de mi mismo. Es decir, solo mis decisiones me han llevado hasta este momento. Pero parece claro -al menos para mí- que yo solo no podré salir de este ciclo, y mucho menos salir de una sola pieza.
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