Hace exactamente la mitad de mi vida me dijeron que mi mejor momento estaba por llegar, precisamente a partir de ahora faltan casi 2 años para que llegue ese famoso instante.
En el momento me pareció hasta molesto que me dijeran eso, que la premonición, la visión oracular, confluyeran y confabularan en mi contra; ahora pienso que mi mejor momento siempre es el que está por venir y que el actual es el mejor hasta ahora.
En pocas palabras, tenían razón parcialmente aquellos quienes vaticinaron una mejor versión de mi mismo, pero no acertaron en el contexto de esas mejoras: no es dinero, edad, inteligencia y mucho menos un aumento sensible de los atributos considerados positivos (clemencia, bondad, etc.).
El contexto es mucho más amplio y general: yo soy yo mismo, cada vez más cercano a mi propia visión de mi mismo y a medida que esta visión va cobrando forma en el consciente y el subconsciente; es decir, esta vez sé cuándo digo que sí porque quiero o porque las circunstancias me obligan, o cuándo digo que no, porque es lo que debo hacer.
Si lo pienso más detenidamente, lo que ha cambiado, es la capacidad de no juzgar tanto a mis propias acciones y a no esperar de los demás la aprobación inmediata. Es un juego en el que salgo ganando yo cuando estoy solo con mis pensamientos, mis experiencias y mis necesidades.
El mejor momento es el siguiente porque incorpora todo el bagaje de mi historia, de mis errores, de mis pasiones, de mi habilidad aún y cuando esta capacidad pueda variar hacia menos: correr menos, aguantar menos, ver menos, oir menos. Eso no es importante, es cómo se presencia, se vive el momento lo que lo hace inigualable e insuperable con su pasado, pero superado por el futuro que representa la siguiente oportunidad.
Espero entonses con ansias todos los momentos que siguen para disfrutarlos, sufrirlos, vivirlos con mayor entusiasmo, con potencia y con todo.
Atte.,
En el momento me pareció hasta molesto que me dijeran eso, que la premonición, la visión oracular, confluyeran y confabularan en mi contra; ahora pienso que mi mejor momento siempre es el que está por venir y que el actual es el mejor hasta ahora.
En pocas palabras, tenían razón parcialmente aquellos quienes vaticinaron una mejor versión de mi mismo, pero no acertaron en el contexto de esas mejoras: no es dinero, edad, inteligencia y mucho menos un aumento sensible de los atributos considerados positivos (clemencia, bondad, etc.).
El contexto es mucho más amplio y general: yo soy yo mismo, cada vez más cercano a mi propia visión de mi mismo y a medida que esta visión va cobrando forma en el consciente y el subconsciente; es decir, esta vez sé cuándo digo que sí porque quiero o porque las circunstancias me obligan, o cuándo digo que no, porque es lo que debo hacer.
Si lo pienso más detenidamente, lo que ha cambiado, es la capacidad de no juzgar tanto a mis propias acciones y a no esperar de los demás la aprobación inmediata. Es un juego en el que salgo ganando yo cuando estoy solo con mis pensamientos, mis experiencias y mis necesidades.
El mejor momento es el siguiente porque incorpora todo el bagaje de mi historia, de mis errores, de mis pasiones, de mi habilidad aún y cuando esta capacidad pueda variar hacia menos: correr menos, aguantar menos, ver menos, oir menos. Eso no es importante, es cómo se presencia, se vive el momento lo que lo hace inigualable e insuperable con su pasado, pero superado por el futuro que representa la siguiente oportunidad.
Espero entonses con ansias todos los momentos que siguen para disfrutarlos, sufrirlos, vivirlos con mayor entusiasmo, con potencia y con todo.
Atte.,
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