2012-04-21

Mi Reflejo, mi alma, mi cuerpo!




Parte I: El reflejo!

El espejo no miente: estoy allí, me veo y no soy yo, soy otra persona. Soy el reflejo de quien puedo ser y no llego a ser todavía. Soy el reflejo de la verdad que se esconde detrás de la verdad y de la luz que se esconde proyectada alejando a la sombra de ella misma. 

Soy yo y soy mi reflejo en dos momentos simultáneos pero separados, en el pasado y en el futuro a la vez, proyectados, lanzados contra la salvaje y vehemente realidad.

En mi reflejo encuentro el tuyo sonriendo a mi lado. ¿Eres tu quien realmente se proyecta o soy yo soñando a todas horas? Si efectivamente como creo, es un sueño, entonces es muy intenso y recorre todo mi cuerpo 
y busca sin encontrarme a mi mismo o al menos encontrarte a ti.

Pero si somos lo mismo, y el momento en el cual nos encontramos es cuando -como ahora- estamos soñando despiertos por qué no simplemente dar un paso adelante y dejar de ser un reflejo el uno del otro, para ser uno solo, uno mismo, yo mismo!

Parte II: La verdad

La verdad es simple pero silenciosa, incólume, escondida, absurda pero siempre presente, pero no es valiente, se esconde, se reduce, se traga a sí misma, se niega a estar en primer plano.

Aún así el espejo (-quien no miente- -que no miente-) te obliga a fijar la mirada al reflejo doble y compartido de nuestra existencia común, así que sin más, sólo muestra lo que hay que mostrar: una proyección de las vidas y de las costumbres, de los resultados y de lo cosechado: el espejo,  

¡ESE espejo! es puro teatro, puro reflejo.

Parte III: El verdadero deseo

Y ya no hay para donde ir, sino cerrar los ojos y percatarme que no hay necesidad de encontrar ese reflejo, pues todo lo recuerdo: cada sonrisa; cada vena; cada músculo; cada olor; cada hebra de cabello; cada pelo recortado/escondido/depilado/esculpido o bien dejado allí ex-profeso; cada movimiento suave; cada movimiento de cadera; la cadencia de cada paso; cada pose; cada lente; cada gris, azul, blanco, o negro; cada corte, cada cambio de uno por el siguiente; cada latido.

En mi mente, de repente, lo resuelvo todo, en el reflejo de mis propios pensamientos, sé que también estás, que no hay que buscarte fuera, que estás allí y mientras siga escribiendo, mientras el pasado y el futuro no existen, sino que estoy en este presente, eres completamente mío: eres libre, pero a la vez eres para mi también. Eres parte de mi!!!

Parte IV: Explosión


El recuerdo me hizo construirte desde cero, y como Pigmalión ante su Galatea, te creo de nuevo para mi, en este instante, en este ahora. Rezumando deseo y lujuria, también cariño, amistad, amor, e ira.

Todas esas emociones recorren mi cuerpo y se concentran en mi dureza extrema, que pulsa y lucha por salir: en mis manos, en mi lengua, en mis dientes, en mi cuerpo, mi barba, mi cara, en mi glande ya mojado que espera y vuelve a esperar... por ti, por mi reflejo.

Horas parecen minutos, mientras tu, la Galatea de mi imaginación, yace a veces inerme, o a veces increíblemente disponible, y la marca de mi recorrido por todo tu cuerpo, por cada poro, hace que esté listo, que no haya más nada que hacer. Siento que por momentos la fuerza de mis ganas te llevan al límite, que gimes pidiendo que me detenga, pero deseas que no sea así, y gimes de nuevo para que sigamos rompiendo límites.

Y de repente dejo el teclado porque es inevitable: respirando entrecortadamente, con el pulso acelerado, la tensión elevada, dreno todo lo que mi cuerpo ya no puede contener: una sonrisa, un suspiro, una gota de sudor que cae, un abrazo que no termina

Parte IV: La calma que vuelve al principio

El espejo si miente después de todo: yo sigo allí y todos los reflejos de mi cuerpo que sigue parado y sin moverse, casi gélido y sin vida buscan el influjo de tu sonrisa -que es la mía- y el brillo de tus ojos -que son los míos-, la amistad solicitada y necesitada,  el sabor de tus labios -que no existen- y mi mente me vuelve a engañar...

Lo que hay es lo que es, lo que que habrá será también. Lo que fue ya pasó y el reflejo queda, el recuerdo sigue y la historia, esa que eres tu, cambia a todos sin saber cómo, ni cuando.

Eres un reflejo de la tormenta que pasa y se lleva lo malo, deja lo bueno, y enseña mientras aprende.

Esperamos tu llegada, tu regreso y tu partida. También y sin sentido, esperamos que algo dejes y parte de ti se quede... atrapada por lo menos, en el reflejo cada vez que me veo... cada vez que me vea.

Atte.,


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