2006-02-17

La fidelidad a los preceptos propios

Saludos,

Tengo tiempo sin escribir porque -debo reconocerlo- estoy muy molesto, confundido, irritado, nervioso, triste, diría casi deprimido y no es común que yo esté en una situación como ésta y expresarlo de forma tan abierta y libre.

A medida que pasa el tiempo, he visto una bifurcación, más bien un alejamiento entre lo que creo o creía y lo que hago; entre lo que digo y lo que siento; entre lo que siento y lo que creo.

Por supuesto ese es un círculo nada virtuoso éste de complicaciones emocionales, intelectuales y hasta físicas que se superponen sin sentido, sin razón, o mejor dicho con todo el sentido y la razón de desestabilizar mi precario equilibrio.

Decir entonces que soy fiel a mis principios o a mis preceptos es prácticamente una herejía y a los herejes, la historia, normalmente los ha castigado de múltiples formas o les ha convertido en mártires o simplemente en olvidados reductos.

Querer escribir hoy sin querer decir lo que en verdad tengo que decir es ya de por sí muy complejo para mí, pues sé que la emocionalidad que acompaña lo que escribo se transluce fácilmente y todo lo que no quiero decir también se dice, si se lee con los ojos de los sentimientos, de la emoción. Pero nada de esto hace que pueda mejorar este sentimiento, esta sensación fisico-química que embarga -que alberga- mi cuerpo, mi mente y mi corazón.

Hoy realmente, la mano amiga, el abrazo preciso, el amor violento, el sexo sincero, la pasión desenfrenada, la gula sibarita e incluso el consumismo neoliberal debo usarlos para sostener, evitar una caida mayor, sabiendo que, pueden ser aquello que más me acerque al mismo borde. Hoy es día de cirugías completas, de reconstrucciones, o al menos de mentiras que con apariencia de verdad, nos hagan a todos sentir mejor

Atte.,

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