Todo comienza desde el final y vuelve al principio. Ésta es la esencia vital a través de la cual fluimos en el universo, con él y por él sin entender nunca claramente el sentido del flujo ni el sentido de pertenencia a uno mismo -a mi mismo-.
Y como todo al final comienza por el principio, o mejor dicho inicia por el comienzo, he decidido contar, lo que recuerdo (y cómo lo recuerdo) de mis amores, desilusiones, pasiones y esperanzas.
La primera que puedo dilucidar era una hermosa niña de pocos años (creo que la conocí a los 5 años) y de la cual no recuerdo casi nada, excepto el día que me invitaron a su fiesta de 6 años (o serían 7):
En el salón de fiestas/jardín de un edificio pequeño (unos 5 pisos) con rejas blancas y cerca de la avenida principal nos encontramos en su reunión. Tengo que reconocer que además de estas mínimas descripciones, únicamente recuerdo su rostro pequeño, su tez algo obscura, aceitunada y mediterránea, sus ojos grises/azulados intensos y grandísimos que sonreían a la vez que su sonrisa blanca e inmaculada como sus dientes.
También recuerdo su cabello castaño, liso y algo corto que recorría su rostro de un lado para otro cuando caminaba o correteaba el jardín.
Finalmente, el recuerdo más intenso, el más puro, el más duro, correr detrás de ella con el regalo con la esperanza de robarle un beso. La escena digna de unos padres orgullosos de sus sanos, vigorosos y alegres niños, a mi me llena de rabia y a la vez nostalgia: el primer gran rechazo, la primera burla, el escarmiento de no ser aceptado.
Esa imagen propia correteando casi en círculos en el paqueño jardín de grama verde, me enseño que no siempre lo que se que se quiere se obtiene, por más que se desee, por más que se corra detrás, por más que estés en el lugar correcto.
Mi querida Donna, cuántas enseñanzas en tan pocos segundos y cuántos recuerdos luego de más de 30 años.... yo te sigo deseando, te sigo queriendo!!!!
Atte.,
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