2006-03-28

Levedad

Hoy siendo ya el final de un largo día, aprecio esos espacios de soledad que me permiten encontrarme nuevamente a mi mismo y compartir de manera íntima y única mis pensamientos ya derrotados por el cansancio y renovados por la continua estupidez del entorno.

Ayer (o fue más bien antes de ayer) me indicaron que yo siempre estoy sintonizado con el entorno, y sabiendo que es un piropo, no puedo más que no aceptarlo por no merecerlo. Mi entorno está tan aislado de mí y yo de él que simples cosas siquiera puedo atreverme a pensarlas, mucho menos a escribirlas y aún peor libremente comentarlas. Las cosas complejas, las mentiras elaboradas, el absurdo mesiánico de mi persona -esas sí- fluyen, sin embargo, libremente, pacientemente; derrochando absurdos momentos.

Lo que quiero entonces es sacar a relucir mi naturaleza verdadera o simplemente estar solo para que no puedan recriminar su existencia?

Hoy, nuevamente hoy, ya pasada la medianoche, ya es mañana y el ciclo comienza de nuevo, sabiendo que se repetirá incesantemente hasta que al detenerlo en el intento toda partícula de mi espíritu desaparezca.

Atte.,
C.,

2006-03-22

El otro depredador

En un contexto general (y también específico), tengo que reconocer que soy un privilegiado: h tenido la oportunidad y el interés de crecer personal y profesionalmente durante mi vida; sin por ello entrar en la categoría "ser mejor" persona.

Sin embargo, si lo pienso en el contexto del enfrentamiento entre mis creencias, mis valores y mis acciones, con una evidente disonancia cognoscitiva, me he obligado a deformar mis valores antes considerados positivos para llevarlos hasta otros que sencillamente aún en lo más profundo de mí, siquiera me satisfacen.

¿Cómo es posible que yo haya desaprovechado todo ese interés, toda esa oportunidad y para ir endureciendo de forma tan terrible mi caracter, mis sentimientos? ¿No es incompatible este proceso con el de madurar, mejorar, crecer?

Hay quienes he visto florecer ante el aprovechamiento de su intelecto, de sus oportunidades, de sus búsquedas, y no me siento de la misma manera. ¿Es éste un modelo eterno: el de ver lo mejor de los demás en uno mismo sin ver los errores?

Cuán difícil es hoy escribir estas palabras, cuán profundas pueden ser y cuán vacías cuando caen en mis propios oidos al releerlas, en mis ojos que lloran y se secan a la vez por el hastío de verlas y mi lengua se seca con el sentimiento de tiempo que transcurre y que se llena de momentos efímeros que sólo nos llevan al siguiente.

El pequeño y cruel juego mental que estoy aprendiendo a jugar no puede ocultar la verdad que a mi mismo escondo: todo se va por el caño, todo se desaparece, sólo ha quedado el vacío.

Y el vacío se puede llenar -como decía el antigüo cuento- de heno, o con la luz de una vela, o con el fuego de quemar un poco de heno con la candela de la vela, es decir, se puede llenar de lo material, de lo espiritual o del delicado y complejo equilibrio de ambos; pero siempre me voy pongo a penetrar ese vacío de la forma incorrecta y perversa de lo material o peór aún, de lo absolutamente espiritual y al final dejo mi propio yo mal expresado, mal representado y lleno a su vez de vacío.

Por ello, he comenzado un juego de cazar gatos y ratones, depredando (en su acepción: Robar, saquear con violencia y destrozo) pero a mi mismo, mi robo, mi saqueo, mi violencia, mi destrozo.

Atte.,

2006-03-13

Fútil y Pueril!

Cuál es la mejor manera de encontrar la verdad que tu propia mente esconde?

Será eso lo que me impulsa en forma pausada pero decidida a ejecutar pequeños actos que a su vez son pequeñas muertes?

Será cierto que los hombres vemos el éxito en la cama como una pequeña prueba que cambiamos por el verdadero éxito?





Nos hace esto menos importantes y nos lleva a niveles pueriles?

Serán siempre preguntas las que ronden en una noche como esta?

Y dónde están las respuestas?

Atte.,


2006-03-04

¡El club!

¿Cuántas veces no he sentido la necesidad imperiosa de gritar a los cuatro vientos aquello que puedo sentir y en vez de ello lo reprimo?

¿Cuántas veces no han sentido la urgencia de abrirnos a la vida, a la verdad, al amor, a una emoción, al riesgo, al fracaso o al éxito, y en vez de ello, nos cerramos, sufrimos en silencio y dejamos de compartir?

Yo si pertenezco a este exclusivo grupo de personas que no sabe por qué no sabe nada, y aún así sigue llenándose de ínfulas, de inferioridad falsa, de un sentido de superioridad obsceno y cruel, tanto con sigo mismo como con los demás.

¿Cómo lograr entonces abrir la puerta de aquello que llamamos salida? ¿Cómo vivir la vida sin estar claros que hay que vivirla para poder sentirla?

Lo único que he logrado hasta ahora es encontrarme con personas, a través de las cuales hago valer mi voz, o manipulo mi entorno para que su voz valga por la mia.

Cerrarse a la oportunidad de salir de ese club -ya no tan exclusivo- si sería un verdadero privilegio, el cual estoy aprendiendo a seguir.

Atte.,