Carmine: Loco, autocrítico, eternamente confundido, siempre muy estresado, triste y alegre a la vez, de visión holística pero con enfoque en los detalles, intimista, extrovertido y algo agnóstico a la vez... Siempre pasando de lo profano a lo divino, mientras disfruto de lo sublime, y me regodeo en lo simple. En fin, más de una faceta para el mismo motivo de mi propia existencia, la cual siempre se torna interesante, a veces intolerable y a veces imposible, pero eso sí, siempre entretenida
2007-10-28
La máscara de placidez
Sabiendo estoy a pocos metros mi imaginación se despega y vuela a toda velocidad a objetivos desconocidos por los demás pero plácidamente reconocidos por mí. Todo esto por dentro: con pupilas dilatadas, respiración entrecortada y un aumento súbito de los latidos -que se sienten fuertes debajo de toda esa ropa-. Mientras que para el resto -hacia fuera- una cálida y actuada sonrisa surge.
Un paso adelante y cruzo el límite que me separa de toda esta tortura. Las imágenes se superponen cuadro a cuadro y no sé si estoy viendo el mundo real, mi imaginación o la combinación de ambas en cámara rápida y al ritmo acelerado de mi paso.
Busco una excusa para que sean más lentas y no la encuentro, sin embargo, vuelvo a dar otro paso y otro universo se abre nueva y exclusivamente para mí. Me doy cuenta que estoy perdiendo mi compostura y que se trasluce la realidad de mi interior, así que respiro nuevamente honda y profundamente, pongo aspecto de plácidez natural y doy el siguiente paso...
Ya no queda más remedio, debo pasar a prisa todo este torrente de provocaciones, este reino de la irrealidad y los deseos escondidos, debo salir de prisa de esta pista de obstáculos y buscar llegar a puerto seguro en pocos instantes.
Corro entonces (siempre por dentro, por fuera: una máscara de tranquilidad) hacia el final del túnel, buscando o bien la luz o la obscuridad y finalmente penetro en ella (hoy fue luz) a esconderme de todo esto y de los demás.
Ya solo me doy cuenta que había aguantado la respiración y que me estoy ahogando; como si estuviera nadando bajo el agua, por lo que boto todo el aire que queda en mis pulmones violentamente. ¡Respiro! Suave, profunda, tranquilamente; dejo a mi mente recordar y repasar la experiencia por unos instantes y me presto para enfrentarme -ahora si- a la rutina que me llevará al trabajo y a la cuasi vida de mi oficina.
Atte.,
2007-10-16
Noche de brujas
¡El “corre corre” ya comenzó! Compramos los disfraces -para la niña de hada y el chamo de Hombre Araña aunque él quería vestirse como Optimus Prime: “el camión de Transformers”-, compramos caramelos y cuadramos con los vecinos del condominio los preparativos finales para la fiesta en el parque: cuán difícil se ha vuelto en Venezuela eso de celebrar la milenaria tradición celta del “Halloween” o noche de brujas.
Según la historia popular, el 31 de Octubre las almas de los muertos regresaban a visitar sus hogares en la tierra porque ese día no había separación entre el mundo de los vivos y el de los muertos. Los celtas dejaban fuera de sus viviendas comida y frutas para alegrar a los espíritus y alejar a los indeseables. Con el tiempo esta costumbre ha derivado en la famosa “trick or treat” (truco o trato), en la cual los niños disfrazados van de casa en casa exigiendo golosinas so pena de hacer bromas a quienes no les den.
Durante el proceso de cristianización del Imperio Romano los Papas buscaron reemplazar las distintas celebraciones paganas, siendo en el siglo VIII cuando el Papa Gregorio III designa el 1ro de Noviembre como
Ya en la tarde llegamos a casa y nos damos cuenta que los niños se han disfrazado por su cuenta y no hemos decorado pertinentemente. El aire a bochinche nos llega desde el parque y el timbre comienza a sonar con pequeños (y no tan pequeños) prestos a colectar el botín de la noche.
Coloco las “auyamas de plástico” recién compradas y me pregunto de dónde salió esta costumbre y cómo se relaciona con todo este desbarajuste fiestero. Ni por casualidad pasa por mi mente la historia del hombre Irlandés tacaño y bebedor llamado Jack quien engañó varias veces al diablo cuando éste se le apareciera repetidamente en noche de brujas. Al final de su existencia, Jack no pudo entrar en el cielo pero tampoco en el averno y quedó condenado a vagar en la oscuridad con un pedazo de carbón encendido directamente del infierno, el cual colocó en un nabo.
Originalmente los irlandeses ponían un trozo de carbón en un nabo ahuecado para iluminar; esto se llamó
En fin, fiesta pagana o no, de sustos y espantos, también es mala para la figura; no debo olvidar que después de este día o mejor mañana mismo me pongo a dieta y vuelvo al gimnasio… pero antes me como este chocolatito que está muy bueno y lo compré con descuento.
¡Vecinos espérennos que ya estamos bajando!
Feliz Halloween
2007-10-14
Erase una vez un niño -siempre-
Hay cosas que recuerdo bien, otras vagamente, algunas ya no son recuerdos sino reconstrucciones de las historias de mi familia que han tomado forma particular en mi mente, pero otras son claros e inolvidables momentos que me han perseguido incluso ahora y siguen alli clavadas entre mis ideas formando parte de mi.
A veces vienen en forma de imágenes, otras en forma de coloridas frases, algunas representan claramente los momentos en los cuales la disonacia cognoscitiva es más evidente.... para mí que no para otros.
Que son recuerdos en realidad: ¿La falta de ascensores todos los 24 de diciembre, los recuerdos cuando me pusieron millones de inyecciones de antitetánica, el pueblo de mi madre, el rancho de Justa donde tanto me gustaba pasar las vacaciones, la pelea con mi primo por los pantalones cortos?
¿Son estos los recuerdos que han formado quien soy o más bien esos huecos en mi mente, esas distorsiones que siquiera me atrevo a intentar recordar -por miedo- las que han hecho de mí -o en este caso al generalizar: de cualquiera de nosotros- lo que ahora represento?
¿Son mis sueños infantiles de hacer algo por los demás y ser reconocido por ello una meta banal y sin sentido?
Los sueños de mi "edad madura" apenas se parecen a esos... Pero igual la banalidad como meta, como fin en si mismo sigue escondida entre estas líneas y entre mis pensamientos.
Recuerdo el reproductor de cartuchos de 8 pistas en el auto de mamá, que era blanco y también el susto cuando tuvimos que cambiar las llantas en plena autopista -probablemente a los 3 años- y también recuerdo cuando me gané mi primera medalla en la escuela -no la de tercer grado injustamente quitada- sino en preparatorio cuando descubrí que de cualquier cosa puede surgir algo hermoso y yo era capaz de hacerlo. De ellos aprendí a temer y a crear.
De mi tercer grado aprendí la injusticia, del cuarto grado aprendí a aceptar las diferencias y a saber que a las mujeres nadie las entiende. De mis recuerdos de quinto grado, uno muy importante me enseñó a buscar alternativas para los "supuestos límites": algo que usé luego en la universidad para salir adelante.
Hay otros que no llegarán a salir de mi teclado pero que siguen allí y me mostraron más, me enseñaron más: de la bondad y de la miseria; de lo profano y lo supremo; de lo simple y complejo; y la más importante: cómo el tiempo y la experiencia cambia la forma de ver las cosas una vez revividas bajo la luz de la reflexión.
Si hay algo que quiero dejar hoy aquí plasmado es eso: les invito a revivir sus recuerdos bajo la luz de su ahora. Es posible aprendan más de lo que creen o esperan sólo por ello. Es algo aterrador y a la vez liberador que a todos está permitido.
Ahora sé que puedo aprender de mí mismo y de mis recuerdos.
Atte.,