2007-10-14

Erase una vez un niño -siempre-

¿Qué es lo que recuerdan de su infancia o de la adolescencia?

Hay cosas que recuerdo bien, otras vagamente, algunas ya no son recuerdos sino reconstrucciones de las historias de mi familia que han tomado forma particular en mi mente, pero otras son claros e inolvidables momentos que me han perseguido incluso ahora y siguen alli clavadas entre mis ideas formando parte de mi.

A veces vienen en forma de imágenes, otras en forma de coloridas frases, algunas representan claramente los momentos en los cuales la disonacia cognoscitiva es más evidente.... para mí que no para otros.

Que son recuerdos en realidad: ¿La falta de ascensores todos los 24 de diciembre, los recuerdos cuando me pusieron millones de inyecciones de antitetánica, el pueblo de mi madre, el rancho de Justa donde tanto me gustaba pasar las vacaciones, la pelea con mi primo por los pantalones cortos?

¿Son estos los recuerdos que han formado quien soy o más bien esos huecos en mi mente, esas distorsiones que siquiera me atrevo a intentar recordar -por miedo- las que han hecho de mí -o en este caso al generalizar: de cualquiera de nosotros- lo que ahora represento?

¿Son mis sueños infantiles de hacer algo por los demás y ser reconocido por ello una meta banal y sin sentido?

Los sueños de mi "edad madura" apenas se parecen a esos... Pero igual la banalidad como meta, como fin en si mismo sigue escondida entre estas líneas y entre mis pensamientos.

Recuerdo el reproductor de cartuchos de 8 pistas en el auto de mamá, que era blanco y también el susto cuando tuvimos que cambiar las llantas en plena autopista -probablemente a los 3 años- y también recuerdo cuando me gané mi primera medalla en la escuela -no la de tercer grado injustamente quitada- sino en preparatorio cuando descubrí que de cualquier cosa puede surgir algo hermoso y yo era capaz de hacerlo. De ellos aprendí a temer y a crear.

De mi tercer grado aprendí la injusticia, del cuarto grado aprendí a aceptar las diferencias y a saber que a las mujeres nadie las entiende. De mis recuerdos de quinto grado, uno muy importante me enseñó a buscar alternativas para los "supuestos límites": algo que usé luego en la universidad para salir adelante.

Hay otros que no llegarán a salir de mi teclado pero que siguen allí y me mostraron más, me enseñaron más: de la bondad y de la miseria; de lo profano y lo supremo; de lo simple y complejo; y la más importante: cómo el tiempo y la experiencia cambia la forma de ver las cosas una vez revividas bajo la luz de la reflexión.

Si hay algo que quiero dejar hoy aquí plasmado es eso: les invito a revivir sus recuerdos bajo la luz de su ahora. Es posible aprendan más de lo que creen o esperan sólo por ello. Es algo aterrador y a la vez liberador que a todos está permitido.

Ahora sé que puedo aprender de mí mismo y de mis recuerdos.

Atte.,

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