(Basado en: Conferencia del Rab Ricardo Gabriel Sacca)
"Una vez un empresario vio a un hombre con problemas económicos y le ofreció ayuda. Le dio 3 millones de dólares y le propuso abrir un negocio en sociedad.
El hombre se quedó sorprendido, sabía como hacer negocios pero le había ido mal. Decidió aceptar la oferta. Trabajó y trabajó con el dinero que le habían prestado y logró incrementarlo. Por otra parte, el socio capitalista seguía invirtiendo en la empresa, para que cada día creciera más.
Llegó un día en que el socio que no poseía nada al principio, se olvidó de aquel que lo había ayudado cuando no tenía nada. Se olvidó de él, porque no lo veía en la empresa, seguía viajando por el mundo. Entonces empezó a entender que el verdadero dueño de la empresa era él. Pensaba: "Yo estoy todos los días trabajando, me levanto temprano, hago todo yo. ¿El otro que hizo? ¿Qué tanto? Me dio 3 millones y listo, y todos los años pone un millón más. El dueño soy yo."
Inesperadamente, vino el verdadero dueño de todo esto y empezó a sugerir sobre ciertos cambios en la estética del lugar. Su socio, furioso, le dijo: "¿Vos quién sos?" Entonces, aquel que un primer momento decidió ayudarlo, le recordó quién era el verdadero dueño."
Esto es un ejemplo nada más, pero también puede pasar con nosotros. Di-s nos dio un mundo para que nosotros seamos socios de Él. ¿Pero cuál es el problema cuando somos socios y pensamos que hacemos constantemente todo? Nos podemos llegar a olvidar de Di-s. Pensamos que nosotros somos los verdaderos dueños del mundo.
Para que no ocurra esto, cuando Di-s nos eligió como socios también nos dio el remedio para eso y nos ordenó cuidar el Shabat. " El séptimo día no quiero que trabajes. No quiero que tomes mi materia prima, aquella que Yo hice, y la transformes en algo. El séptimo día tu no eres mi socio. El único dueño el séptimo día soy yo." De esta manera, en todos los shabatot, cuando hay ciertas cosas que nosotros no podemos hacer, recordamos quién es El verdadero dueño en este mundo, quién es El que mantiene, El que supervisa y El que creó el mundo. Di-s hizo un día de descanso, de no hacer, para que nosotros creamos en Él."
Y así, puedes creer o no en Él, puedes sentir o no la fe, el miedo, la duda, pero no debes olvidar que estás aquí porque sí, no por tí y que el respeto a la vida, las cosas, el universo, las personas, las leyes, los momentos, la ira, la rabia, todas existen porque no eres quien rige el destino del universo, tan sólo el tuyo mientras construyes, mientras logras, mientras existes.
No caigas en el error de pensar que sólo estás para estar, estás por estar o estás sin estar. Debes -siempre- estar para hacer, para amar, para crecer, para mejorar.
Al fin y al cabo, Ad-nai, Di-s, Hash-m, El-him (o el gran Arquitecto del Universo, el gran Príncipe de la Paz) no es más que el Universo y sus posibilidades, y definitivamente; no debemos pasarlas las posibilidades que el Universo nos ha brindado.
El mundo no es mío, pero si soy su socio y lo comparto.
Atte.,
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