La belleza nos rodea.
La belleza física impera!
Siempre la belleza física despierta instintos indiscutiblemente humanos, sin embargo, asociados al deseo de corromperla, de ensuciarla, de gozarla inacabablemente!!!
Simultáneamente un bloqueo automático hace que todo se quede en mi mente, se esconda, no salga, se acumule y corroa mis entrañas y mis pensamientos; haciendo a la espera por anularlo siempre infinita, desconocida, desesperante.
En este entorno incoherente, debo buscar el equilibrio dentro de mi y continuar -mas bien decidir- mi camino... eso sí un sólo paso a la vez... ver hacia adelante dificulta el cuidado con el que debo ver hacia abajo, pero facilita el dejar de ver hacia atrás.
Aún así, saber que lo que nos toca en lo más profundo, en las fíbras más íntimas es lo aparentemente más difícil, más inalcanzable, en vez de aplacar los instintos, los enciende -casi incinera- y volvemos a lo mismo... al deseo que por momentos desahoga y en otros casos aprieta las fauces y detiene súbitamente la sangre, la emoción, substiyéndola por un momento intelectualmente desmotivado.
¡Quiero más desahogo! ¡Quiero más vida!
Atte.,
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